Tenemos que renovar paños: ¿te animas a coser?

Los paños que se emplean en la Eucaristía no son, sin más, una servilleta, una toalla o un cubre-mantel. Son considerados paños sagrados, pues tienen un sentido más allá del más práctico o material: van a contener, tocar o limpiar las especies sagradas.

El paño más especial de todos es el «Corporal», que incluso es el único que puede bendecirse. Es especial porque sobre él va a estar el Cuerpo y la Sangre de Cristo (en la patena y el cáliz), y lo recogen si cae alguna partícula o gota. Está hecho de lino. Recuerda a la síndone, aquella sábana de lino con la que se envolvió el cuerpo de Jesucristo y donde resucitó. Antiguamente el corporal se veneraba como si se tratara de algo parecido a una reliquia.

El «purificador» no tiene tanta consideración (no se bendice) como el corporal, pero es considerado también un paño sagrado, pues está en contacto con lo más sagrado: se utiliza para limpiar el cáliz y la patena, y los dedos y boca del sacerdote. Para limpiar los objetos sagrados con el purificador se solo emplea agua, ni jabón ni nada parecido. Y el agua no se tira, sino que la consume el sacerdote.

El lavado de los paños sagrados se hace de una manera especial: no se meten directamente a la lavadora o al agua con jabón. Primero se remojan en agua un tiempo (para que se disuelvan las posibles partículas del pan consagrado o las gotas del vino consagrado) y luego ese agua se vierte, por ejemplo, en las plantas de la iglesia (o en las de casa) para tener el cuidado y la veneración de no tirar al desagüe ese agua que ha estado en contacto con las cosas más sagradas.

Bien, pues toda esta explicación previa era, simplemente, para lanzarte un reto: ¿te animas a confeccionar algún purificador? Nos ayudarías mucho y te beneficiaría un montón: un trabajo manual que relaja y hace fructificar tus dones y que puede ayudarte en la oración, por ejemplo, si rezas mientras coses y ves el fruto de tu trabajo en contacto con el Señor, el altar.
Tenemos corporales de sobra -y algunos muy nuevos- pero apenas nos quedan purificadores decentes porque van envejeciendo y llevamos usando casi los mismos desde hace diez años. Es hora de renovar parte del ajuar sagrado.

¿Y cómo es un purificador? Te he hecho un dibujo detallado (está un poco más abajo) con las medidas, los pliegues y demás:

  • las medidas son aproximadas (aunque son las que más nos gustan): 30 x 40cm. (debe ser rectangular, no cuadrado) el lado corto lo plegaremos dos veces, y el lado largo una.
  • lo mejor es que sea de lino o de algodón, o de una mezcla que los contenga.
  • si te atreves a poner una puntilla o cenefa, que sea solo en los extremos (en uno, o en los dos) y pequeña y sencilla.
  • y si te atreves a bordar un dibujo (una cruz o algún motivo eucarístico), que sea también pequeño y sencillo: mejor que esté en la parte inferior central del lado corto, aunque también puede ponerse en el centro del paño.

¿Cómo lo ves, te animas?

Y, bueno, ya que estamos, también necesitamos tener algún mantel para el altar de la capilla, pero esto es más complicado. Aunque por si acaso alguien se lanza, dejo también unos dibujos con las opciones y las medidas:

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