2 diciembre, 2021

Solemnidad de la Anunciación del Señor (y Jornada por la Vida)

Hoy, 25 de marzo, la Iglesia celebra esta fiesta de la Anunciación a la Virgen María, o la Concepción o Encarnación del Señor.

La fecha de esta fiesta (que se empezó a celebrar oficialmente en Nazaret en el siglo IV aunque ya venía de antes) tiene un sentido muy especial. Bebe de antiguas tradiciones que creían que las intervenciones de Dios en la historia, en el tiempo, tenían una unidad y respondían a ciclos. ¿Por qué? porque Dios es perfecto y lo hace todo perfecto. Por ejemplo, los judíos creían que los profetas se encarnaban y morían el mismo día. Así, desde el principio los cristianos consideraron que la Encarnación del Señor y su muerte en Cruz sucedieron el mismo día: nuestro actual 25 de marzo. Además consideraban, con la tradición judía, que este mismo era el de la Creación del mundo y que será el día en que dará comienzo la Nueva Creación, es decir, el día en que Cristo regrese glorioso.

El testimonio escrito más antiguo que data la muerte de Cristo en el día 25 de marzo lo encontramos en Tertuliano (s.II). Y en san Agustín (s.IV) podemos leer que ese mismo día sucedió su Encarnación. Es en torno a este 25 de marzo que se organizan las fiestas cristianas más importantes: Encarnación y Triduo Pascual (25 de marzo), Ascensión (40 días después), Pentecostés (50 días después), Navidad (9 meses después), etc.

Ahora bien, como ves aquella original fiesta de la Encarnación centraba su mirada en Cristo, mientras que hoy la celebramos con una connotación mucho más mariana. ¿Por qué? No mucho tiempo después de fijar esas primeras fiestas, empezó a dársele importancia a la Cuaresma y a celebrar la fiesta de la Pascua en su fecha móvil (en la primera luna llena de primavera, como hacían los judíos desde siempre con su calendario lunar) y no en una fecha fija (el 25 de marzo del calendario solar). Así, Encarnación y Triduo Pascual se celebraban litúrgicamente separadas, aunque teológicamente, como hemos visto, estaban muy unidas. La Pascua se centra, como no podía ser de otra manera, en Cristo, por eso la Encarnación (después de algunos intentos de cambios de fecha en la historia), se quedó como una fiesta más mariana.

El 25 de marzo la Iglesia celebra el cumplimiento de las promesas de salvación: el Hijo eterno del Padre entra en la historia; se hace hombre en la carne de María, una muchacha humilde del pueblo de Israel.

JORNADA POR LA VIDA

Como ves, este día, desde el principio, la Iglesia lo que celebra es la Encarnación o Concepción del Señor en la Virgen María. La Fiesta de su Nacimiento, la Navidad, aparecerá posteriormente. Vamos, que la Iglesia considera que el Señor ya está ahí desde la concepción, que ahí hay una vida nueva, una persona: la vida aparece en la concepción.

Es una verdad evidente y de perogrullo, muy fácilmente argumentable desde la ciencia, pero, aún así, una verdad que hoy día se discute y defenderla es ir a contracorriente.

Hoy la Iglesia va a contracorriente y nos propone la «Jornada por la Vida», esta vez con el lema «Custodios de la Vida». Somos custodios de la vida, de toda vida humana, desde el principio hasta el final, creemos en su valor y dignidad, sea como sea, esté como esté. Decir esto es plantar cara a la, cada vez más fuerte, cultura de la muerte que, proclamando una falsa libertad, promueve, entre otras cosas, el aborto, la eugenesia y la eutanasia. Debemos ir a contracorriente.

Muchas veces nos falta convicción, arrojo y presencia para hablar más clara y rotundamente de esto. Pero, a veces, alguien sobresale y el claro mensaje provida de la Iglesia es claramente proclamado. Esto ha sucedido hace apenas unos días con Mons.Juan Antonio Reig Pla (obispo de Alcalá de Henares) que decía que España parece estar convirtiéndose en un «campo de exterminio». Muchos le han pedido una corrección pública y lo que ha hecho ha sido lanzar aún más claro el mensaje: «El Artículo 15 de la Constitución Española reza así: “Todos tienen derecho a la vida”. Sin embargo, esto ha significado la aprobación de la ley del aborto que destruye la vida humana inocente, la destrucción de embriones humanos, su manipulación y, ahora, la decisión de matar a adultos en fase enferma o terminal. ¿Es esto respetar la vida humana y protegerla?».

Os recomiendo leer todo el episodio aquí, en Religión en Libertad. Y, para profundizar en el sentido de esta Jornada por la Vida, aquí tenéis meteriales de difusión y reflexión: