Oración diaria y nuevas tecnologías

Falta rezar. Falta oración. ¿Típica excusa? «No me da tiempo» o «no sé hacerlo». Pero… ¿es verdad? Respecto a lo primero, si llevaras la cuenta de cómo utilizas cada minuto del día te darías cuenta de que tienes mucho tiempo mal aprovechado. Y, respecto a lo segundo… bueno, cualquiera que sepa mínimamente hablar y amar, sabe rezar.

Decía santa Teresa que «Orar es tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama«. Es «tratar de amistad», es decir, como pasar tiempo con un amigo: hablar, escuchar, querer y dejarse querer, contarle, desahogarse, pedirle, agradecerle, estar, etc., etc. ¿Alguien no sabe hacer esto? Hablando de oración este tratar de amistad «con quien sabemos nos ama» es referirse a aquel que te ha amado primero, aquel que es el Amor, el que te llama amigo y no siervo, el que ha dado la vida por ti, el Señor, Dios, que se ha hecho cercano, amable y alcanzable en Cristo.

Hasta aquí seguro que no tienes ninguna dificultad: a todos nos gusta estar con amigos. Y si encima estamos hablando del mejor amigo posible, pues mejor. El problema viene al ver leer que santa Teresa también dice que «muchas veces» y «a solas». Esto ya cuesta más. ¿Muchas veces? No tengo tiempo. ¿A solas? Qué aburrimiento, al final estoy hablando conmigo mismo y pensando en mis cosas a los dos minutos.

Pero no se trata de que dediques horas y horas a rezar, tal y como no pasas horas y horas todos los días con tus amigos. Hay diferentes maneras de tratar con Dios y, tal y como sucede en una amistad, unas duran unos segundos y otras mucho más, y unas requieren mucha atención, concentración y silencio y otras no.

No se trata aquí de escribirte un tratado de oración ni de explicarte diferentes modos de orar. Lo que quiero es darte un par de pistas y algunas herramientas útiles para que «trates de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabes que te ama».

Distinguirte primero dos tipos de oración: la ya escrita y que solo lees, recitas o dices de memoria; y la oración personal, la que haces tú libremente, partiendo de la Palabra de Dios o de algún texto espiritual.

El primer grupo que me he inventado para simplificar todo esto, el de las oraciones ya hechas que solo hay que recitar, son muchas. Unas son las «básicas» (el padrenuestro y el avemaría), otras son las «oficiales» (la Eucaristía, la Liturgia de las Horas), y otras son las «devocionales» (rosario, ángelus, ofrecimiento del día o del trabajo o del estudio o de un viaje, bendición de la mesa, agradecimiento del día antes de dormir, jaculatorias, etc., etc.) que hasta las puedes improvisar añadiendo peticiones, o alabanzas, o canciones, o agradecimientos. Como ves, hay oraciones que duran 5 segundos, y otras que duran 15 minutos (la Eucaristía la he metido pero, en realidad, merece un apartado propio). ¿No tienes 5 segundos para Dios ? ¿No tienes 10 minutos? Puedo asegurarte que sí. La excusa no es la falta de tiempo, sino que no te organizas, o no te acuerdas, o no tienes costumbre, o no te esfuerzas. ¡Todo esto lo puedes cambiar cuando quieras! ¿Y si empiezas hoy?

Y el segundo tipo de oración que me he inventado para este articulillo era el de la «oración personal». Este es un tipo de oración más pausado, en el que no te limitas a decir devotamente oraciones ya escritas, sino que, además, meditas, haces silencio, escuchas, y pones tu vida en juego. Esto ya es más un diálogo y encaja más con la definición de santa Teresa. El problema es que este diálogo es espiritual, no es tan claro y directo como el estar hablando con un amigo mientras tomas unas cañas. Es un diálogo en el silencio del corazón, en el alma, y para eso… hay que tener el alma sensible a las cosas de Dios, para poder hablarle y poder escucharle (es «tratar de amistad», no es un monólogo).

¿Y cómo se hace esto? No lo sé. A rezar se aprende rezando. No hay manual de instrucciones ni pasos a seguir, igual que no hay un manual de instrucciones sobre cómo hablar con un amigo. Eso sí, siempre se pueden hacer recomendaciones o indicaciones generales que ayuden. Hay multitud de libros y consejos para ayudarte a rezar en oración personal, pero no hay instrucciones: tienes que dar con la receta que más te ayude a hablar y a escuchar a Dios. A unos les ayuda escribir, a otros dibujar, hay quien prefiere cantar o tener música de fondo, otros necesitan silencio máximo, otros tienen que leer sin parar, otros mirar fijamente al sagrario…

Sea como sea, da con tu receta y exprímela, repítela, haz un hábito. A rezar se aprende rezando. Sucede muchas veces que decimos: «como la primera vez que me puse a rezar no funcionó, ya no lo he vuelto a intentar». Error. A rezar se aprende rezando, igual que a hablar se aprende hablando, y a ser amigo se aprende siendo amigo. Es de perogrullo, pero se nos olvida.

¿Quieres consejos? Bueno, vale, allá van, pero recuerda que solo son recomendaciones, un ejemplo, que no hay por qué hacerlo así:

  1. Pon un horario y tiempo fijo para la oración personal y diaria (y cúmplelo)
  2. Empieza teniendo un par de minutos de silencio y relajación para intentar callar los «ruidos internos», es decir, no pensar en cosas ajenas al momento de oración. Ayuda ponerse de rodillas o de pie, hacer la señal de la cruz, pedir inspiración al Espíritu Santo… (1/2 min.)
  3. Ahora acomódate y sigue con la Lectura del Evangelio del día y algún comentario que te dé pistas para profundizar en él. (4/5 min.) (al final te pongo dónde encontrar recursos para hacerlo)
  4. Continúa ahora libremente dando vueltas al Evangelio, imaginándolo, o subrayando o repitiendo lo que más te ha llamado la atención o haya tocado el corazón, o investigando el significado de palabras o expresiones raras… (10min.)
  5. Y ahora aterrízalo en tu vida y circunstancias personales, pregunta al Señor qué te quiere decir con todo esto, haz silencio para «escuchar en el corazón», o dile al Señor qué te pasa, qué necesitas, cómo estás. (10min.)
  6. Y termina como empezaste, con un minuto de silencio o recitando alguna oración que te sepas (a la virgen, por ejemplo, pidiendo su intercesión). (1min.)
  7. Total: 25/30 minutos más o menos.

¿No tienes 30 minutos? No pasa nada, recorta, adapta, divide… pero no te quedes sin oración personal. La oración, el encuentro personal con Dios, es el fundamento de tu fe y vida cristiana.

Con las tecnologías actuales han surgido, además, muchas ayudas para hacer un rato de oración. Hay aplicaciones con las lecturas, meditaciones, podcast, liturgia de las horas, rosario, etc. A lo mejor así te es más fácil. te dejo aquí algunas:

Liturgias CEE (Android, IOS): La app oficial de la oración litúrgica en español. Tiene Liturgia de las Horas, las lecturas y oraciones de la misa del día, y santoral.

Magnificat (Android [2,19€ cada mes si no estás suscrito, 20’99€ anual], IOS [€]): La revista mensual Magnificat en versión digital: Evangelio y reflexión del día, oración de la mañana, de la tarde y de la noche, evangelio del día, misal, lecturas espirituales, santoral…

10 minutos con Jesús (Android, IOS): Audios grabados por sacerdotes jóvenes para ayudarte a rezar cada día.

Rezandovoy (Android, IOS): Audios para rezar con las lecturas del día: lectura, meditación, música, preguntas… Y también con oraciones para ocasiones especiales.

Rezar (Android, IOS): Una red social de oración con muchas herramientas: enviar y recibir peticiones a miles de personas de todo el mundo, seguir a personas y acompañarlas en la oración, añadir propósitos de oración para cada día, ver tu progreso semanal en la oración…

Click To Pray (Android, IOS): Otra especie de red social de oración, pero ésta para rezar especialmente con las intenciones de oración del Papa para cada mes.

iMisa (Android [1’19€], IOS [2’29€]): Una aplicación para seguir y entender la misa: lecturas, oraciones, guion, explicaciones, oraciones devocionales…

Rosario Pro (Android, IOS): Esta app te ofrece distintas maneras de rezar el rosario «acompañado».

Ángelus Pro (IOS): Para rezar el ángelus «acompañado», igual que en la aplicación anterior (y te avisa a las 12 de cada día si quieres)

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