4 julio, 2022

La Epifanía del Señor (sentido de la fiesta y horario de misas)

Este jueves 6 de enero celebramos la Solemnidad de la Epifanía del Señor. Es una fiesta de precepto, por eso nuestro horario de las misas es como el de un domingo:

MIÉRCOLES 5 DE ENERO
20:00h. Misa en Cristo Sacerdote

JUEVES 6 DE ENERO
10:00h. Misa en Cristo Sacerdote
11:00h. Misa en Virgen del Trabajo
12:00h. Misa en Cristo Sacerdote
13:00h. Misa en Cristo Sacerdote
20:00h. Misa en Cristo Sacerdote

La fiesta de la Epifanía del Señor
La palabra «epifanía» se utiliza para expresar que por fin se ha desvelado algo muy importante que estaba oculto. En lenguaje coloquial, decir «He tenido una epifanía» equivale a «he tenido una revelación» o «por fin lo he visto claro». Aplicada a la fiesta que llamamos «Epifanía del Señor», nos referimos a que Dios se ha revelado «y hemos contemplado su gloria» (Jn 1, 14), que «a Dios nadie lo ha visto jamás», pero lo ha mostrado el Hijo Unigénito (cf. Jn1, 18).

¿Y cómo se nos ha manifestado Dios? Lo primero que diríamos es que con su Encarnación y Nacimiento. Y es verdad. Y, anteriormente, «muchas veces y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los Profetas; ahora nos ha hablado por medio del Hijo» (Heb 1, 1-2). Pero, al hablar de la Epifanía del Señor, la Iglesia se refiere más bien a los grandes momentos de la vida de Jesús en que se revela como Dios por primera vez. Por eso la fiesta no celebra exclusivamente «lo de los Reyes Magos», sino mucho más.

Dice el «martirologio romano» (el libro oficial de la iglesia en el que se enumeran y explican brevemente las fiestas de cada día: santos, memorias, etc.) de la fiesta de la Epifanía: «Solemnidad de la Epifanía del Señor, en la que se recuerdan tres manifestaciones del gran Dios y Señor nuestro Jesucristo: en Belén, Jesús niño, al ser adorado por los magos; en el Jordán, bautizado por Juan, al ser ungido por el Espíritu Santo y llamado Hijo de Dios por Dios Padre; y en Caná de Galilea, donde manifestó su gloria transformando el agua en vino en unas bodas». O sea, que en la Epifanía celebramos (1) la adoración de los magos, (2) el bautismo del Señor, y (3) su primer milagro e inicio de la «vida pública».

La Epifanía es de las fiestas más antiguas del calendario litúrgico (un poco más que la Navidad), se origina en la iglesia oriental en el siglo II, se va oficializando en el III, y se va extendiendo por toda la Iglesia en el IV. Pero al principio celebraba «todas las epifanías» del Señor: nacimiento, magos, bautismo, primer milagro, transfiguración, multiplicación de los panes… Poco a poco fue centrándose más en los primeros episodios, pero de distinta manera en la iglesia oriental y en la occidental. De hecho, hoy día, siguen celebrando la Navidad en fechas diferentes (25 de diciembre en occidente y 6 de enero en oriente). Total, que con el pasar de los siglos y la popularización de ciertas costumbres navideñas, en la Iglesia de rito romano (en general, la nuestra, la occidental) la fiesta acaba centrándose en sólo uno de los tres episodios epifánicos: la Adoración del niño Jesús por los Magos. Tan es así, que en la liturgia romana se separaron las celebraciones: el 6 de enero la adoración de los magos, al domingo siguiente el Bautismo del Señor, y al otro domingo las Bodas de Caná.

Y así hemos acabado creyendo que la Epifanía es la fiesta de los Reyes Magos. Y no es así, pero, en la práctica, es lo que se nos da a entender, porque es el día 6 de enero cuando escuchamos la lectura evangélica de la adoración de los magos al niño Jesús (y nos hacemos regalos); y es al domingo siguiente cuando ha quedado instituida la fiesta del Bautismo del Señor (y se lee ese episodio, claro); y al otro domingo, el siguiente al del Bautismo del Señor, dependiendo del ciclo anual de lecturas, se lee: o el testimonio de Juan Bautista: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn 1, 29; Ciclo A); o la continuación de ese Evangelio, el primer relato de vocación de los discípulos (Jn 1,35ss; Ciclo B); o las bodas de Caná, donde «Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en Él» (Jn 2, 1-11; Ciclo C).