15 agosto, 2022

Inmaculada Concepción: 8 de diciembre (vigilia, misas, significado, patronazgo…)

Cada 8 de diciembre celebramos la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, fiesta en la que toda la Iglesia celebra que María es la «llena de Gracia» (si quieres saber más sobre este dogma mariano, aquí tienes más información). Esta fiesta es, además, para nosotros, doblemente importante, pues la Inmaculada Concepción es la patrona de España.

En nuestra Parroquia Cristo Sacerdote, el horario de misas es el habitual de los Domingos y Solemnidades: 10:00, 12:00, 13:00 y 20:00h. en Cristo Sacerdote, y a las 11:00h. en Virgen del Trabajo. Al tratarse de un «puente», durante estos días no hay catequesis de niños, adolescentes y jóvenes.

Además, en nuestra Archidiócesis de Madrid, continúa viva la tradición de celebrar novenas, triduos y vigilias de oración con motivo de la fiesta de la Inmaculada. En esta página tienes los detalles de las tres grandes Vigilias que se celebran en Madrid, y en esta otra página una lista con las iglesias que organizan triduos y novenas.

Definición formal del dogma de la Inmaculada

Greco, 1610

El 8 de diciembre de 1854, el Papa Pío IX, en la introducción de la Carta Apostólica Ineffabilis Deus (Dios inefable), explica: «El inefable Dios, cuya conducta es misericordia y verdad, cuya voluntad es omnipotencia y cuya sabiduría alcanza de límite a límite con fortaleza y dispone suavemente todas las cosas, habiendo previsto desde toda la eternidad la ruina lamentabilísima de todo el género humano que había de provenir de la transgresión de Adán, y habiendo decretado, con plan misterioso escondido desde la eternidad, llevar al cabo la primitiva obra de su misericordia, con plan todavía más secreto, por medio de la encarnación del Verbo, para que no pereciese el hombre impulsado a la culpa por la astucia de la diabólica maldad y para que lo que iba a caer en el primer Adán fuese restaurado más felizmente en el segundo, eligió y señaló, desde el principio y antes de los tiempos, una Madre, para que su unigénito Hijo, hecho carne de ella, naciese, en la dichosa plenitud de los tiempos, y en tanto grado la amó por encima de todas las criaturas, que en sola ella se complació con señaladísima benevolencia. Por lo cual tan maravillosamente la colmó de la abundancia de todos los celestiales carismas, sacada del tesoro de la divinidad, muy por encima de todos los ángeles y santos, que Ella, absolutamente siempre libre de toda mancha de pecado y toda hermosa y perfecta, manifestase tal plenitud de inocencia y santidad, que no se concibe en modo alguno mayor después de Dios y nadie puede imaginar fuera de Dios.»

Y hacia el final de la carta proclama solemnemente: «Definimos, afirmamos y pronunciamos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original desde el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia de Dios Omnipotente, en atención a los méritos de Cristo-Jesús, Salvador del género humano, ha sido revelada por Dios y por tanto debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles.»

Origen y significado

José de Ribera, 1630

Cuando la Iglesia proclama formalmente un «dogma de fe» no es que se le haya ocurrido algo nuevo, simplemente fija por escrito una verdad revelada que ve necesario explicar, o que necesita profundización, o que se está poniendo en duda y hay que aclarar. Este misterio de la Inmaculada Concepción de María, por ejemplo, era algo enseñado, predicado y creído desde antiguo, pues el concepto de «Purísima» o «Inmaculada» aplicado a la Virgen aparece ya en los primeros siglos de la historia de la Iglesia, en los escritos de San Ireneo, San Ambrosio, San Jerónimo, o San Agustín (en este enlace tienes datos pormenorizados).

María de Nazaret es llamada por el ángel Gabriel, en la Anunciación, la «kejaritomene«, es decir, y traduciendo del antiguo griego evangélico, «la llena de gracia» (Lc1, 28). El Papa san Juan Pablo II, en su homilía por el 150 aniversario de la Ineffabilis Deus explica que, así como la Encarnación del Hijo estaba prevista en el plan de la Salvación, también la Madre de la que había de tomar carne lo estaba.

Así está escrito en el primer anuncio bíblico del Mesías -protoevangelio- que se hace en Génesis (Gn3, 15): «Pondré enemistad entre ti [dirigiéndose a la serpiente, al diablo] y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia»). Y así podemos también interpretar el himno que san Pablo, en su Carta a los Efesios, alaba el plan salvífico de Dios: «Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos. Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor; Él nos ha destinado por medio de Jesucristo a ser sus hijos» (Ef1, 3-5). En clave mariana esta lectura -sigue Juan Pablo II- dice que el Padre eligió a María, en Cristo, antes de la creación del mundo, para que fuera santa e irreprochable ante él por el amor, predestinándola como primicia a la adopción filial por obra de Jesucristo.

Todo esto quiere decir que María, por pura iniciativa divina y en atención a la Encarnación, es preservada del pecado original (la debilidad e inclinación al mal del género humano, cuya naturaleza está caída desde Adán: todo el género humano necesita la Salvación) de manera que Cristo viene al mundo sin heredar la debilidad contraída desde Adán. Por eso la Iglesia hablará de Cristo como Nuevo Adán, y de María como Nueva Eva. De ellos nace la nueva estirpe de los hijos de Dios, el nuevo Pueblo Dios, la generación rescatada.

¿Por qué el 8 de diciembre?

Zurbarán, 1630

La Inmaculada Concepción de la Virgen María se profesaba y celebraba litúrgicamente mucho antes de que se proclamara el dogma a mediados del siglo XIX. Por ejemplo, en el siglo VII, el Tercer Concilio de Constantinopla (o Sexto Concilio Ecuménico) afirma de María que es:  «Santa de alma y cuerpo, libre totalmente de todo pecado». En esa misma época (siglo VII), en España, ya se celebraba la fiesta de la Concepción Inmaculada que, desde Toledo fue expandiéndose por la península y, poco después, más allá.

En el Concilio de Trento (1545-1563) se afirma que: «Este santo Concilio declara que, al hablar del pecado original, no intenta comprender en él a la Bienaventurada e Inmaculada Virgen María». Durante este Concilio sucedió el famoso episodio de la victoria en la Batalla de Empel (7 y 8 de diciembre de 1585 en la Guerra de los Ochenta Años, en la Isla de Bommel, actual Holanda), que dio el empujón definitivo para celebrar mundialmente el día de la Inmaculada. Sucedió que los Tercios españoles estaban asediados y tenían las de perder -de hecho ya les habían ofrecido la rendición- pero, cavando una trinchera, hallaron una imagen de la Virgen, una tabla flamenca que representaba la Inmaculada Concepción de María; esa noche, después de construirle un altar, rezaron y vino un viento inusual y frío que congeló las aguas que rodeaban la isla y pudieron sorprender así al enemigo al amanecer y salir victoriosos. Es por entonces cuando, en España, se intenta implantar esta fiesta de la Inmaculada como fiesta de precepto, cosa que se logra en 1644. No mucho después (1708) se logra para toda la Iglesia.

La elección del 8 de diciembre para celebrar la Inmaculada es previa a la Victoria de Empel. Lo providencial eata Victoria (y la aparición del icono de la Virgen) sucediese el día que se celebraba esta fiesta. ¿Y por qué se celebraba ese día? Desde el siglo V en Jerusalén y desde el VII en Roma, el 8 de septiembre se celebraba el Nacimiento de la Virgen María. Para situar la fiesta de la Concepción Inmaculada de María no hubo más que restar nueve meses: el 8 de diciembre.

La Patrona de España, y el llamado «privilegio español»

Murillo, 1660

Así pues, aunque era creído y celebrado este misterio de la Inmaculada desde antiguo, no será una fiesta oficial y de precepto para toda la Iglesia hasta 1708 (recordemos que el dogma se proclama en 1854). En 1760 el Papa Clemente XII proclamó a la Inmaculada Concepción como «patrona de España y las Indias» (hispanoamérica) en la bula Quantum Ornamenti.

En las celebraciones litúrgicas del 8 de diciembre, además, España tiene un pequeño privilegio litúrgico: los sacerdotes pueden utilizar una casulla azul. Este uso especial del color azul en España fue promulgado el doce de febrero de 1883 (por la Sagrada Congregación de Ritos) y se hizo en agradecimiento a la defensa que siempre hizo nuestra nación (al menos desde el siglo VII, como ya hemos visto) del dogma de la Inmaculada. Y, de nuevo, como pasa con tantas cosas de la Iglesia, aunque el permiso oficial es de 1883, el uso del color azul en este día venía de mucho antes.

Además de Patrona de España, la Inmaculada es patrona de nuestra Infantería, de los clérigos del ejército, y del Estado Mayor, del Cuerpo Jurídico, y de la Farmacia Militar. Además, es patrona de los Colegios Oficiales de Farmacia.