15 agosto, 2022

Fiesta de la Inmaculada

Con la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, cada 8 de diciembre, la Iglesia celebra el misterio de María como la «llena de Gracia», libre de pecado. En la Parroquia el horario de misas es el habitual de los Domingos y Solemnidades: 11:00 en Virgen del Trabajo; 12:00, 13:15, 14:10 y 20:00h. en Cristo Sacerdote

Definición formal del dogma de la Inmaculada

Greco, 1610

El 8 de diciembre de 1854, el Papa Pío IX, en la introducción de la Carta Apostólica Ineffabilis Deus (Dios inefable), explica: «El inefable Dios, cuya conducta es misericordia y verdad, cuya voluntad es omnipotencia y cuya sabiduría alcanza de límite a límite con fortaleza y dispone suavemente todas las cosas, habiendo previsto desde toda la eternidad la ruina lamentabilísima de todo el género humano que había de provenir de la transgresión de Adán, y habiendo decretado, con plan misterioso escondido desde la eternidad, llevar al cabo la primitiva obra de su misericordia, con plan todavía más secreto, por medio de la encarnación del Verbo, para que no pereciese el hombre impulsado a la culpa por la astucia de la diabólica maldad y para que lo que iba a caer en el primer Adán fuese restaurado más felizmente en el segundo, eligió y señaló, desde el principio y antes de los tiempos, una Madre, para que su unigénito Hijo, hecho carne de ella, naciese, en la dichosa plenitud de los tiempos, y en tanto grado la amó por encima de todas las criaturas, que en sola ella se complació con señaladísima benevolencia. Por lo cual tan maravillosamente la colmó de la abundancia de todos los celestiales carismas, sacada del tesoro de la divinidad, muy por encima de todos los ángeles y santos, que Ella, absolutamente siempre libre de toda mancha de pecado y toda hermosa y perfecta, manifestase tal plenitud de inocencia y santidad, que no se concibe en modo alguno mayor después de Dios y nadie puede imaginar fuera de Dios.»

Y hacia el final de la carta proclama solemnemente: «Definimos, afirmamos y pronunciamos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original desde el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia de Dios Omnipotente, en atención a los méritos de Cristo-Jesús, Salvador del género humano, ha sido revelada por Dios y por tanto debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles.»

Origen y significado

José de Ribera, 1630

Cuando la Iglesia proclama formalmente un «dogma de fe» no es que haya hecho un descubrimiento o se haya inventado algo; simplemente fija por escrito una verdad revelada que ve necesario explicar o que necesita profundización o que se está poniendo en duda y hay que aclarar. Por ejemplo, es evidente que la Iglesia ya creía en este misterio mariano, pues está presente en el arte desde cientos de años antes de proclamarse el dogma y porque este concepto de «Purísima» o «Inmaculada» aplicado a la Virgen aparece ya en los primeros siglos de la historia de la Iglesia (en este enlace tienes datos pormenorizados).

María de Nazaret es llamada por el ángel Gabriel, en la Anunciación, la «kejaritomene«, es decir, y traduciendo del antiguo griego evangélico, «la llena de gracia» (Lc1, 28). El Papa san Juan Pablo II, en su homilía por el 150 aniversario de la Ineffabilis Deus explica que, así como la Encarnación del Hijo estaba prevista en el plan de la Salvación, también la Madre de la que había de tomar carne lo estaba.

Así está escrito en el primer anuncio bíblico del Mesías -protoevangelio- que se hace en Génesis (Gn3, 15: «Pondré enemistad entre ti [dirigiéndose a la serpiente, al diablo] y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia»). Y así podemos también interpretar el himno que san Pablo, en su Carta a los Efesios, alaba el plan salvífico de Dios: «Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos. Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor; Él nos ha destinado por medio de Jesucristo a ser sus hijos» (Ef1, 3-5). En clave mariana esta lectura -sigue Juan Pablo II- dice que el Padre eligió a María, en Cristo, antes de la creación del mundo, para que fuera santa e irreprochable ante él por el amor, predestinándola como primicia a la adopción filial por obra de Jesucristo.

Todo esto quiere decir que María, por pura iniciativa divina y en atención a la Encarnación, es preservada del pecado original (la debilidad e inclinación al mal del género humano, cuya naturaleza está caída desde Adán: todo el género humano necesita la Salvación) de manera que Cristo viene al mundo sin heredar la debilidad contraída desde Adán. Por eso la Iglesia hablará de Cristo como Nuevo Adán, y de María como Nueva Eva. De ellos nace la nueva estirpe de los hijos de Dios, el nuevo Pueblo Dios, la generación rescatada.

¿Por qué el 8 de diciembre?

Zurbarán, 1630

La Inmaculada Concepción de la Virgen María es celebrada litúrgicamente desde mucho antes de que en el siglo XIX se proclamara el dogma. Es en 1644 cuando, en España, se fija como fiesta de precepto (aunque se intentaba desde mucho antes por la gran devoción que había en Cataluña) y en 1708 cuando se hace para toda la Iglesia. Fue la victoria en la Batalla de Empel (7 y 8 de diciembre de 1585 en la Guerra de los Ochenta Años, en la Isla de Bommel, actual Holanda) la que dio el empujón definitivo para celebrar mundialmente el día de la Inmaculada: los Tercios españoles estaban asediados y tenían las de perder -de hecho ya les habían ofrecido la rendición- pero, cavando una trinchera, hallaron una imagen de la Virgen, una tabla flamenca que representaba la Inmaculada Concepción de María; esa noche, después de contruirle un altar, rezaron y vino un viento inusual y frío que congeló las aguas que rodeaban la isla y pudieron sorprender así al enemigo al amanecer y salir victoriosos.

Además, se da la circunstancia de que 9 meses después, el 8 de septiembre, la Iglesia ya celebraba el Nacimiento de la Virgen María desde el siglo V en Jerusalén, y el siglo VII en Roma.

Patrona de España

Murillo, 1660

La Inmaculada es desde el siglo XVI una fiesta celebrada y querida en España, pero será en 1760 cuando el Papa Clemente XII la proclame «patrona de España y las Indias» (hispanoamérica). Desde 1864, los sacerdotes españoles tienen el privilegio de poder llevar vestiduras litúrgicas azules en agradecimiento a la fe y defensa de este misterio mariano que siempre hizo España.

Además de Patrona de España, la Inmaculada es patrona de nuestra Infantería, de los clérigos del ejército, y del Estado Mayor, del Cuerpo Jurídico, y de la Farmacia Militar. Además, es patrona de los Colegios Oficiales de Farmacia