Conmemoración de todos los fieles difuntos: indulgencias

El día 2 de noviembre la Iglesia celebra la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos (no confundir con Todos los Santos ni con haloween), una fiesta en la que nos reunimos para rezar y ofrecer la Eucaristía por todos los que nos han precedido en la muerte y esperan la gloria del cielo y la resurrección. Es por todos los difuntos, conocidos o no, creyentes o no, de antes o de después de Cristo. Oramos por todos los que han muerto desde el principio del mundo, para que puedan gozar de la visión beatífica, es decir, para que, purificados de toda mancha de pecado, puedan entrar a la presencia de Dios.

No es una fiesta solemne, ni de precepto, pero sí es un día no laboral, por eso se suspende la misa de las 8 de la mañana y se mantienen las misas de las 10:00h. en Virgen del Trabajo y de las 20:00h. en Cristo Sacerdote.

A los fieles que visiten devotamente el cementerio y oren por los difuntos (aunque solo sea mentalmente), se les concede la indulgencia plenaria para las almas del purgatorio (las de los que están preparándose, purificándose, vistiéndose de boda, para entrar al cielo). Normalmente esta posibilidad se nos concede entre el 1 y el 8 de noviembre, pero este año, debido a las restricciones por la Covid19, el Papa la ha extendido a todo el mes de noviembre.

Y el 2 de noviembre, con ocasión del día de la conmemoración de Todos los Fieles Difuntos, se concede la indulgencia plenaria para los que visiten piadosamente una iglesia u oratorio y reciten allí el «Padre Nuestro» y el «Credo», puede ser transferida no sólo al domingo anterior o posterior o al día de la solemnidad de Todos los Santos, sino también a otro día del mes de noviembre, libremente elegido por cada uno de los fieles.

Los ancianos, los enfermos y todos aquellos que por motivos graves no puedan salir de casa (por ejemplo a causa de las restricciones impuestas por la autoridad competente para el tiempo de la pandemia, con el fin de evitar que numerosos fieles se aglomeren en los lugares sagrados) podrán obtener la indulgencia plenaria siempre que se unan espiritualmente a todos los demás fieles, completamente desapegados del pecado y con la intención de cumplir cuanto antes las tres condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del Santo Padre), ante una imagen de Jesús o de la Santísima Virgen María, recen oraciones piadosas por los difuntos, por ejemplo, laudes y vísperas del Oficio de Difuntos, el rosario mariano, la corona de la Divina Misericordia, otras oraciones por los difuntos más apreciadas por los fieles, o se dediquen a la lectura meditada de alguno de los pasajes del Evangelio propuestos por la liturgia de los difuntos, o realicen una obra de misericordia ofreciendo a Dios los dolores y las dificultades de su propia vida.

Te recordamos que la llamada «indulgencia» no es para perdonar los pecados, sino para liberar de la «pena por los pecados». La «pena», para decirlo sencillamente, es una de las consecuencias del pecado: un pecado grave nos separa radicalmente de Dios (=»pena eterna del pecado») y un pecado venial empaña nuestra relación con él y nos apega a las cosas del mundo (=»pena temporal»). No son un castigo por el pecado, sino una consecuencia del pecado. Cuando somos perdonados del pecado y queda restaurada nuestra comunión con Dios, se elimina la «pena eterna» pero permanece la «pena temporal».

La indulgencia es parcial o plenaria según libere de la pena temporal debida por los pecados en parte o totalmente. Las indulgencias se reciben de la Iglesia porque Jesucristo a dado a la Iglesia la misión de administrar la Salvación, por eso es la Iglesia quien dispone cómo se puede recibir la Indulgencia. En el caso de los difuntos, hay que recordar que, al morir, no desparece la pena: seguimos necesitando de purificación. Es el estado que llamamos «purgatorio».

Como por la comunión de los santos estamos todos unidos -muertos o vivos- en la Iglesia, Cuerpo de Cristo, nos podemos ayudarnos mutuamente. Por eso pedimos a los santos que intercedan o recen por nosotros. Y por eso nosotros intercedemos (rezando u ofreciendo misas) por los difuntos, obteniendo para ellos indulgencias, de manera que se vean libres de las «penas temporales» debidas por sus pecados.

La Iglesia ha dispuesto que esto lo podemos hacer la semana en la que hacemos la conmemoración de todos los fieles difuntos, y especialmente el mismo día de la fiesta, el 2 de noviembre. Este año de confinamientos y limitaciones, esa semana se ha extendido a todo el mes de noviembre.

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