Algunas propuestas para vivir el Adviento con autenticidad

Hace poco una persona comentó en un grupo de chat en el que estoy que la Navidad está sobrevalorada. Y la verdad es que la frase me voló la cabeza ¿No será más bien que en realidad está infravalorada? Pocos días después me topé con un artículo de prensa que, literalmente, titulaba calendarios de adviento ‘beauty’: te ponen guapa (y no engordan como el chocolate) . Y, según avanza el Adviento, se van viendo y escuchando todo tipo de cosas que no-son-la-navidad.

En un pasaje del Evangelio, Jesús nos dice a los discípulos que somos la sal de la tierra, pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Hemos dejado que la sal de la Navidad se vuelva sosa y ahora la gente no hace más que pisotearla ¿no te parece? Luego nos quejamos, pero somos los primeros en ser sosos.

No me equivoco mucho si me atrevo a decir que lo primero que le evoca a una persona la palabra Navidad no es en celebrar a dios-con-nosotros porque se hizo hombre, sino que en lo primero que piensa es en nieve, hombres de rojo, comilonas, cuñados y vacaciones.

¿Se ha vuelto sosa nuestra Navidad? ¿Se está convirtiendo la versión mundana de la Navidad en la nuestra casi sin que nos demos cuenta?

Qué llamativo que, al comienzo del Adviento, lo primero que nos enseña El Señor es que estemos vigilantes, que no nos durmamos. Porque si no estamos alerta no solo entra en nuestro interior lo que no nos hace bien sino que, además, perdemos de vista que lo que celebramos no solo es el mayor acontecimiento de la Humanidad, es nuestro mayor acontecimiento personal.

Te proponemos algunos acentos para prepararte para, primero, descubrir la Natividad y, después, celebrarla. Son solamente un punto de partida, pues no hay mejor preparación que la que te inspire personalmente El Señor.

Preparar el camino del Señor, enderezar sus senderos

Pregúntate cómo te pide El Señor que vivas este tiempo. ¿Has pensado en hacerte un plan de adviento y navidad para vivir estos días? Medita qué pasos te pide dar El Señor o cuáles mantener. En lo concreto a ser posible.

¿Tienes posibilidad de enderezar algo? San Juan nos invita a ello (Marcos 1, 1-8). Quizá se trate de aumentar tu oración en cantidad o calidad; puede que sea reducir el ritmo externo; tal vez se trate de ver menos televisión, leer menos chats y redes sociales o jugar menos a los videojuegos para hacer más silencio interior. Porque, igual, con tanto lío, no hay sitio en tu posada para el nacimiento. Incluso puedes retomar una relación a la que le falte reconciliación.

Igual puedes revisar cuánto de materialismo hay en tu vivencia de este tiempo fuerte y plantearte reducir tu consumo en regalos, en cosas menos profundas o incluso, si te es posible, donar una parte de lo que te dedicarías a ti mismo o a otros, en favor de quien lo necesite más aún.

¿Puedes ayudar a allanar el camino de otros? En este tiempo puedes estar especialmente atento a las personas de tu entorno que no tienen esperanza y tener una palabra luminosa de Jesús; puedes participar de alguna iniciativa solidaria; puedes llamar a personas que se sienten solas.

Ser testigo de la luz

El Evangelio de Juan (Juan 1, 6-8. 19-28), nos centra en dar testimonio de la Luz. Ser testigo implica transmitir lo que se ha contemplado primero. Prepararse a la natividad también es contemplación y acción. Anuncia a otros que Dios puede cambiarles la vida y siempre para mejor.

Hay muchas maneras de vivir este tiempo como testigos. ¡La imaginación la contemplación al poder! A ver qué te suscita El Señor según tu contexto. En nuestra familia veníamos enviando christmas en papel ¿Sabes por qué? Porque ya casi nadie lo hace y eso convierte en algo más auténtico lo que transmitimos, que siempre es un mensaje a la medida del destinatario. ¿Es, quizá, más oportuno lo digital? Haz tu propio banner con palabras que importen y selecciona a quien lo mandas. ¿Hay algo más sencillo?

¿Tienes niños? Háblales del sentido de la navidad; ponles vídeos de Youtube que les acerquen a Jesús; muéstrales a Jesús en otros niños que nacieron en especiales dificultades de guerra, pobreza, en emigración… ¡Muy parecido a la familia de Nazareth! Enciende una vela en familia por cada semana de Adviento con una oración o compartir que acentúe algo del Evangelio de ese domingo, por ejemplo.

Igual puedes organizar una pequeña liturgia en tu entorno familiar para vivir mejor el misterio en las fechas más significativas u otras cercanas. Nosotros hicimos una liturgia muy sencilla un día de Navidad, después de la comida, con otras personas, y fue una manera muy accesible de adentrarnos y acercar a otros al misterio.

¿No puedes ir a la misa de gallo? Tal vez puedas organizar un momento de oración a la medianoche, junto con los que celebras, que consista en rezar con algo que hayas preparado antes para todos (un salmo, el Evangelio).

Estar disponible

He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. María nos enseña la mejor manera de prepararnos y que no es otra que estar disponibles a dejarnos hacer por la palabra del Señor.

Estar disponible nos cuesta más de lo que nos parece. Entre otras cosas, porque pensamos que ya lo estamos. Es una tentación muy sutil. También porque se trata de estar abiertos a algo que sucede en el interior y que no siempre es perceptible por los sentidos.

¿Quieres estar más disponible pero tu ritmo es trepidante? Apóyate en la repetición de oraciones breves (jaculatorias) mientras las cosas que haces te lo permitan. Por ejemplo, el Papa Francisco nos invita a repetir, en este tiempo, esta oración “ven Señor Jesús”. Pero las mejores oraciones son las que el Espíritu nos suscita a nosotros mismos: “Señor hazme disponible”; “Señor, ayúdame a centrarme”; “Señor, que tenga más silencio interior”; “Señor que viva la Navidad más auténticamente” u otras que te resuenen como propias.

También puedes ver la posibilidad de dedicar parte de tu tiempo de vacaciones a descansar en El Señor participando en la adoración de los jueves en la parroquia, como un ensayo de lo que sería estar ante el portal en aquella noche.

Si crees que tu ritmo espiritual te lo permite, puedes plantearte hacer ayuno de ciertas cosas. Si un objetivo tiene el ayuno es hacerte independiente de las cosas buenas del mundo para que no te desvíe de un mejor seguimiento del Señor. A veces hay cosas que nos encantan, pero también nos impiden mucho, puedes plantearte un ayuno en relación a las cosas que te bloquean, las que te saturan, las que te alejan…

Por ejemplo, renunciar a ver el chat todo el tiempo es también apostar por un mayor silencio interior desde el que pueden brotar palabras nuevas. A veces no es algo absoluto, basta con bloquear el chat ciertas horas del día y usarlo en las que hayas planificado. Plantéate no hacer SPAM, escoge los mensajes a enviar y a quienes. Si mandas de todo y a todos, llega un momento en que te puedes convertir en una molestia, incluso con la mejor intención. Tú también les puedes quitar su silencio interior. En lugar de reenviar contenido de otros, párate a elaborar el tuyo, mucho más auténtico, y mándalo.

Con la televisión pasa algo parecido, bloquea un tiempo para verla si contribuye a tu descanso, pero haz que no sea tu única manera de descansar por defecto.

Para otras personas, ayunar igual puede consistir en hablar menos de los demás y hacer más diálogo con uno mismo…

El silencio interior a veces nos hace sentir desubicados porque nos hemos acostumbrado a estar entretenidos y distraídos, lo que nos hace tener un impresión de estar llenos. Mediante el ayuno notarás que también ganas en paz, en equilibrio… a saber escoger lo mejor… y, sobre todo, que te ayuda a prepararte para que, cuando Jesús pase, te des cuenta (San Agustín).

Espero que estos puntos de apoyo te inspiren para encontrar los que te sirvan para poner en el centro al Señor un poco más, un poco mejor.

Todo lo demás está muy bien, la familia, el descanso, el disfrute, pero nuestro centro es hacer memorial del dios-con-nosotros, lo demás vendrá solo porque Él siempre da el ciento por uno.

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